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Una sociedad menguante. Lastrada en lo económico y en lo afectivo. Los ancianos son caros y pesados de cuidar. Veremos cosas moralmente indeseables. La presión hacia la eutanasia no deseada va a ser creciente porque los recursos son escasos.

2017.09.16 17:55 albedrio Una sociedad menguante. Lastrada en lo económico y en lo afectivo. Los ancianos son caros y pesados de cuidar. Veremos cosas moralmente indeseables. La presión hacia la eutanasia no deseada va a ser creciente porque los recursos son escasos.

Fundador y director de la fundación Renacimiento Demográfico, Alejandro Macarrón es ingeniero de telecomunicaciones, consultor empresarial y autor del libro Suicidio demográfico en Occidente y medio mundo, que pronto se publicará en inglés. Cita en su libro al economista Juan Velarde que advierte que «de seguir así España desaparece», pero desaparece de verdad... El problema de la natalidad no es tan urgente como una crisis económica o el tema catalán. Sin embargo, a la larga es inexorable que si seguimos con tan baja natalidad, España desaparecería.Lo pongo en condicional porque falta tiempo, pero es pura matemática. No es opinable. Vamos al precipicio, el de la extinción, otra cosa es que reaccionemos.La extinción tardaría siglos, pero antes viviríamos en una sociedad sin niños, descompensada. Cuando empecé a estudiar el asunto, me impresionó que sus efectos eran más inmediatos de lo que se suele pensar y el poco caso que se hace a un problema tan profundo. ¿Tan desolador es el paisaje demográfico español? Nos enfrentamos a una ola de envejecimiento.La edad más numerosa de la población española de hoy son 40 años, dentro de una década serán 50...Vamos hacia una sociedad absolutamente llena de mayores, lo cual estaría muy bien si no fuera porque no hay gente joven para compensarlo. En España, nacen menos niños que en el siglo XVIII.Es verdad que se ha reducido la mortalidad infantil, pero si no aumenta la tasa de natalidad, cada año nacerán un 2% menos de niños. El pueblo español ya está menguando. Los españoles autóctonos cada vez somos menos. Tenemos las tres provincias (entre las que tienen al menos 100.000 habitantes) con récord mundial en balance entre muertes y nacimientos.En Zamora, en 2016 por cada nacimiento hubo tres muertes. En Lugo y Orense ya hay dos muertes por cada nacimiento. No es que tengamos la menor tasa de fecundidad en Europa, es que España ha tenido en los últimos 20 años la menor tasa de natalidad del mundo en promedio. La despoblación de esas regiones, ¿no es también un problema de falta de falta de oportunidades? Es mezcla de los dos. Si el país estuviese compensado demográficamente y viviéramos todos en ciudades, sería deseable tener una España más articulada, pero no sería trágico. El problema es que tampoco hay suficientes niños en las ciudades. La despoblación tiene un componente económico.Pero si vives en un lugar en el que casi solo hay viejos, quieres irte. Tengamos la edad que tengamos, nos gusta la juventud.Si te rodeas sólo de ancianos, ves la muerte, la decrepitud. Es desalentador... En los sitios que se van despoblando la calidad de vida disminuye. Los servicios sociales son muy caros. Un ejemplo es la Sanidad. La sociedad española tiene un dilema moral y económico sobre qué hacer en las zonas donde quedan sólo ancianos y gente de edad avanzada. ¿Les atendemos y en ese caso, nos arruinamos o no les atendemos? Tanto los niños como los ancianos cuestan dinero.Pero los niños son una inversión que produce en el futuro y a los ancianos les damos una calidad de vida. Pero la riqueza que se llevan, se consume y no produce en el futuro. También cita en su libro a Miguel Hernández: «La salvación de España / de su juventud depende» Tampoco hay que hacer demasiado la pelota a la juventud porque vivimos en una sociedad en la que se hace la pelota a la mujer por ser mujer, al joven por ser joven... Pero es verdad que la juventud es esencial. Para el reto demográfico y para emprender e innovar. Una sociedad que languidece tiene menos innovación.Esto no quiere decir que no haya gente mayor innovadora pero es más fácil emprender e innovar si eres joven porque tienes que atreverte, tienes que cuestionar los tabúes, no tener rigideces. Si eres joven y te equivocas no pasa nada porque te puedes recuperar. Esa juventud existe, pero repartida por el planeta. Es un argumento facilón. En Asturias, cuando yo nací, nacían el triple de niños que ahora. Asturias es la primera región de Europa en la que, si nada cambia, desaparecerá la población. Me da mucha pena. No me consuela que en Nigeria crezca mucho la población. Históricamente, el número de personas era decisivo para el desarrollo de los pueblos. Pero con el desarrollo de la democracia, la ciencia, la tecnología, Europa -y su extensión, EEUU- da un salto enorme en productividad, es decir, que compensa que seamos menos. Si produces 20 veces lo que una persona primitiva, aunque tengas la mitad de gente, produces más. Por eso Occidente domina el mundo. Pero ahora que el tercer mundo está emergiendo, la productividad media de su población se está igualando a la nuestra, con lo cual el número de personas vuelve a ser decisivo. Cuando China iguale en productividad a EEUU tendrá entre cuatro y cinco veces su PIB.Los europeos tendemos a la irrelevancia.Si los nuevos líderes mundiales son democráticos, no pasa nada. Pero en China ha habido una eliminación masiva de niñas solo por ser niñas.Y pensemos en el mundo musulmán con una mayoría pacífica, pero una minoría agresiva. Si hacen la transición a la no agresividad, como lo hizo el mundo cristiano, bien, pero si no.... En Occidente tenemos que pensar que debemos a la comunidad, a la humanidad, tener hijos. No pasa nada si alguno no los tiene, pero la mayoría debe tenerlos. Nos hemos conformado con que la inmigración sostenga la demografía en tiempos de bonanza... En la historia ha habido inmigraciones virtuosas que han ayudado a construir países como EEUU. Pero ha habido otras como los bárbaros, cuya expansión no fue sólo cosa de batallas, fue una inmigración masiva. En Europa tenemos el problema del yihadismo. Una inmigración que viene y que una parte de ella, muy minoritaria pero que hace mucho daño, odia al país o a la cultura donde se integra. Es tremendo. Lo hemos visto en Cataluña... El caso del nacionalismo catalán, como el vasco, es elocuente. Los nacionalismos son tribalistas pero no les he oído nunca preocuparse por la descendencia. El País Vasco ha sido un desastre en natalidad. Ahora está repuntando un poquito, pero ha sido la región de España que más ha envejecido desde que murió Franco. Y en Cataluña, los catalanes de pura cepa, la natalidad nativa, es la menor históricamente. Es una de las razones de que haya necesitado tanta inmigración. Cataluña mejora sus cifras globales gracias a los magrebíes. Casi la mitad de los niños que nacen o viven en Cataluña no son de padres españoles, no ya catalanes. La Cataluña del futuro no será española. Pero tampoco será catalana.Si consiguen integrar a los inmigrantes, muy bien. Pero si no, será una sociedad fracturada y dual. En Gerona, el 20% de los niños que nacen son hijos de musulmanes.En Tarragona y Lérida, el 15% y en Barcelona, el 12%. De la inmigración vive el populismo... En Europa, y también algo en EEUU, el Estado de bienestar concede derechos a cambio de nada. El inmigrante tradicional tenía un plan A: trabajar. Ahora el plan A es trabajar, pero hay un Plan B porque tenemos una red social muy generosa. En España, en los años previos a la crisis, vinieron unos cuatro millones de inmigrantes en edad laboral. Estalló la crisis y gran parte se quedó en paro, pero se fue una proporción minoritaria porque con nuestros subsidios estaban mejor que en su país. Otro problema es que si no se regula en número, la inmigración crea un exceso de oferta de mano de obra que compite con la local y eso baja los salarios, en especial de la clase media baja. Esa es la gente que en todo Occidente está enfadadísima porque los sueldos no suben. Otra cosa que ha sucedido en Europa y EEUU es que los inmigrantes han ido entrando ilegalmente y cuando ya eran muchos y no se podían expulsar se les ha regularizado. En Europa ha habido unas 300 regularizaciones en los últimos 20 años. Es absurdo no aceptar la inmigración que viene a ocupar una vacante laboral. Pero ese no es el modelo que tenemos. De ahí el populismo, Trump... Donald Trump tiene cinco hijos. Pero de tres mujeres distintas. Ese es otro tema. En Europa hay 10 países de primera cuyo primer ministro o equivalente no tiene niños.En Alemania, los dos últimos cancilleres, Schröder y Merkel, entre los dos se han casado seis veces y han tenido cero hijos biológicos. Pero también en Francia, Italia, Reino Unido, los tres primeros ministros del Benelux,Suiza,Suecia, Irlanda. Hace 80 años sólo había dos número uno que no tenían hijos: Hitler y Manuel Azaña. Si los líderes no tienen hijos y la familia no está en el discurso público es difícil fomentar la natalidad. Ante esa pasividad, ¿Es usted el ejemplo de que la sociedad civil debe implicarse en lo que delegamos en los políticos? A los políticos este tema les incomodaba e incluso muchos estaban de acuerdo con que hubiese poca natalidad. Hace 30 o 40 años había un crecimiento de población explosivo y el consenso de que era negativo. Incluso había economistas que decían que si la población seguía creciendo, el incremento de la economía no redundaría en más renta per cápita, no sería posible salir de la pobreza. En mi libro cuento cómo el informe Kissinger decía que si la población crece a ritmos muy fuertes, aunque la economía crezca la pobreza no se reduce. Es el pensamiento único... A las personas nos gusta vivir sobre una base de certezas morales (mi casa, mi familia, mi trabajo...) Cuando alguien cuestiona el statu quo al decir que la sociedad tiene un problema porque no nacen niños, incomoda. Occidente tiene una gran satisfacción por lo conseguido en los últimos 200 años. Se han superado situaciones de precariedad, de morirnos por todo tipo de enfermedades, las mujeres han conseguido la igualdad, vivimos en sociedades mucho menos autoritarias en las que hay una libertad teórica de pensamiento.Sin embargo, cuando se cuestionan determinadas verdades la gente se lanza a degüello, ya no es elEstado el que censura, pero es otro tipo de censura. Que en las redes sociales llega a límites increíbles... La crítica es un regalo.Decía Wiston Churchill que es como el dolor en el cuerpo humano, es lo que te avisa de problemas.Ahora, cuando es bilis por cuestionar el estabishment, es otra cosa. El tiempo pone cada cosa en su sitio y ya está habiendo una concienciación del envejecimiento de la población. ¿Qué propone para que nazcan más niños? Es un problema complejo que está ligado al modelo social.La modernización ha traído menos natalidad. Lo primero es tomar conciencia. Hay que revalorizar el prestigio de las madres, mostrar lo bonito que son los bebés, que en realidad nos encantan, es algo instintivo. No es lo mismo exponerlo en público que no. También dar el mensaje duro de que el país necesita niños, como se ha hecho en Francia.También hay medidas económicas con una base muy clara. Hay que incentivar (para el conservador), ayudar (para el socialdemócrata), compensar (para el liberal), cada uno en su ideología lo que quiera. Pero hay que compensar a las familias una parte significativa de lo que cuesta tener niños. No todo.Porque entonces habrá gente que tendrá hijos sólo por dinero. Eso ha pasado y moralmente es un desastre. Esa compensación tiene que centrarse en la mujer pero no sólo. También el hombre juega un papel importante. Y hay que tener cuidado con favorecer sólo a la mujer que trabaja fuera del hogar, como ahora. Si queremos incentivar la natalidad tiene que ser a todo tipo de mujeres, no sólo a unas en función de la ideología. La sociedad actual asocia el tener muchos hijos a pertenecer a algunos grupos religiosos o a no trabajar... Los valores dominantes son hostiles a la natalidad y sobre todo a la familia numerosa. Y es feo porque hay personas que libérrimamente han decidido tener muchos hijos y en un país que necesita niños tendríamos que aplaudirles. El desarrollo de la inteligencia artificial puede tentarnos a dejar en segundo plano el debate de la natalidad y confiar nuestro futuro a robots... Eso está pasando. Antes de nada hay que pensar que tener hijos completa la vida, el cariño no te lo va a poder dar una máquina. Luego, en el mundo tecnológico casi todo lo que se predice o llega más tarde de lo que se espera o llega antes. Si fiamos la natalidad a la robótica y sale bien no hay problema pero si sale mal es una catástrofe. Los científicos dicen que las máquinas nos jubilarán dentro de 100 años no de 20. Es como la inmortalidad. Hay quien anuncia la muerte de la muerte, pero la realidad es que la esperanza de vida crece pero no a un ritmo disruptivo, sino evolutivo. Menudo panorama, una sociedad envejecida y si confiamos en los robots, sin afecto... Una sociedad menguante. Lastrada en lo económico y en lo afectivo. Los ancianos son caros y pesados de cuidar. Veremos cosas moralmente indeseables. La presión hacia la eutanasia no deseada va a ser creciente porque los recursos son escasos.
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2017.08.11 21:54 feedreddit Esfera de influência: como os libertários americanos estão reinventando a política latino-americana

Esfera de influência: como os libertários americanos estão reinventando a política latino-americana
by Lee Fang via The Intercept
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Para Alejandro Chafuen, a reunião desta primavera no Brick Hotel, em Buenos Aires, foi tanto uma volta para casa quanto uma volta olímpica. Chafuen, um esguio argentino-americano, passou a vida adulta se dedicando a combater os movimentos sociais e governos de esquerda das Américas do Sul e Central, substituindo-os por uma versão pró-empresariado do libertarianismo.
Ele lutou sozinho durante décadas, mas isso está mudando. Chafuen estava rodeado de amigos no Latin America Liberty Forum 2017. Essa reunião internacional de ativistas libertários foi patrocinada pela Atlas Economic Research Foundation, uma organização sem fins lucrativos conhecida como Atlas Network (Rede Atlas), que Chafuen dirige desde 1991. No Brick Hotel, ele festejou as vitórias recentes; seus anos de trabalho estavam começando a render frutos – graças às circunstâncias políticas e econômicas e à rede de ativistas que Chafuen se esforçou tanto para criar.
Nos últimos 10 anos, os governos de esquerda usaram “dinheiro para comprar votos, para redistribuir”, diz Chaufen, confortavelmente sentado no saguão do hotel. Mas a recente queda do preço das commodities, aliada a escândalos de corrupção, proporcionou uma oportunidade de ação para os grupos da Atlas Network. “Surgiu uma abertura – uma crise – e uma demanda por mudanças, e nós tínhamos pessoas treinadas para pressionar por certas políticas”, observa Chafuen, parafraseando o falecido Milton Friedman. “No nosso caso, preferimos soluções privadas aos problemas públicos”, acrescenta.
Chafuen cita diversos líderes ligados à Atlas que conseguiram ganhar notoriedade: ministros do governo conservador argentino, senadores bolivianos e líderes do Movimento Brasil Livre (MBL), que ajudaram a derrubar a presidente Dilma Rousseff – um exemplo vivo dos frutos do trabalho da rede Atlas, que Chafuen testemunhou em primeira mão.
“Estive nas manifestações no Brasil e pensei: ‘Nossa, aquele cara tinha uns 17 anos quando o conheci, e agora está ali no trio elétrico liderando o protesto. Incrível!’”, diz, empolgado. É a mesma animação de membros da Atlas quando o encontram em Buenos Aires; a tietagem é constante no saguão do hotel. Para muitos deles, Chafuen é uma mistura de mentor, patrocinador fiscal e verdadeiro símbolo da luta por um novo paradigma político em seus países.
O presidente deposto de Honduras, Manuel Zelaya, à esquerda, dentro de um carro em direção ao aeroporto, onde pegaria um voo para a Nicarágua nos arredores de San José. Domingo, 28 de junho de 2009.
Foto: Kent Gilbert/AP
Uma guinada à direita está em marcha na política latino-americana, destronando os governos socialistas que foram a marca do continente durante boa parte do século XXI – de Cristina Kirchner, na Argentina, ao defensor da reforma agrária e populista Manuel Zelaya, em Honduras –, que implementaram políticas a favor dos pobres, nacionalizaram empresas e desafiaram a hegemonia dos EUA no continente. Essa alteração pode parecer apenas parte de um reequilíbrio regional causado pela conjuntura econômica, porém a Atlas Network parece estar sempre presente, tentando influenciar o curso das mudanças políticas.
A história da Atlas Network e seu profundo impacto na ideologia e no poder político nunca foi contada na íntegra. Mas os registros de suas atividades em três continentes, bem como as entrevistas com líderes libertários na América Latina, revelam o alcance de sua influência. A rede libertária, que conseguiu alterar o poder político em diversos países, também é uma extensão tácita da política externa dos EUA – os _think tanks_associados à Atlas são discretamente financiados pelo Departamento de Estado e o National Endowment for Democracy (Fundação Nacional para a Democracia – NED), braço crucial do _soft power_norte-americano.
Embora análises recentes tenham revelado o papel de poderosos bilionários conservadores – como os irmãos Koch – no desenvolvimento de uma versão pró-empresariado do libertarianismo, a Atlas Network – que também é financiada pelas fundações Koch – tem usado métodos criados no mundo desenvolvido, reproduzindo-os em países em desenvolvimento. A rede é extensa, contando atualmente com parcerias com 450 _think tanks_em todo o mundo. A Atlas afirma ter gasto mais de US$ 5 milhões com seus parceiros apenas em 2016.
Ao longo dos anos, a Atlas e suas fundações caritativas associadas realizaram centenas de doações para _think tanks_conservadores e defensores do livre mercado na América Latina, inclusive a rede que apoiou o Movimento Brasil Livre (MBL) e organizações que participaram da ofensiva libertária na Argentina, como a Fundação Pensar, um _think tank_da Atlas que se incorporou ao partido criado por Mauricio Macri, um homem de negócios e atual presidente do país. Os líderes do MBL e o fundador da Fundação Eléutera – um _think tank_neoliberal extremamente influente no cenário pós-golpe hondurenho – receberam financiamento da Atlas e fazem parte da nova geração de atores políticos que já passaram pelos seus seminários de treinamento.
A Atlas Network conta com dezenas de _think tanks_na América Latina, inclusive grupos extremamente ativos no apoio às forças de oposição na Venezuela e ao candidato de centro-direita às eleições presidenciais chilenas, Sebastián Piñera.
Protesto a favor do impeachment da presidente Dilma Rousseff diante do Congresso Nacional, em Brasília, no dia 2 de dezembro de 2015.
Photo: Eraldo Peres/AP
Em nenhum outro lugar a estratégia da Atlas foi tão bem sintetizada quanto na recém-formada rede brasileira de _think tanks_de defesa do livre mercado. Os novos institutos trabalham juntos para fomentar o descontentamento com as políticas socialistas; alguns criam centros acadêmicos enquanto outros treinam ativistas e travam uma guerra constante contra as ideias de esquerda na mídia brasileira.
O esforço para direcionar a raiva da população contra a esquerda rendeu frutos para a direita brasileira no ano passado. Os jovens ativistas do MBL – muitos deles treinados em organização política nos EUA – lideraram um movimento de massa para canalizar a o descontentamento popular com um grande escândalo de corrupção para desestabilizar Dilma Rousseff, uma presidente de centro-esquerda. O escândalo, investigado por uma operação batizada de Lava-Jato, continua tendo desdobramentos, envolvendo líderes de todos os grandes partidos políticos brasileiros, inclusive à direita e centro-direita. Mas o MBL soube usar muito bem as redes sociais para direcionar a maior parte da revolta contra Dilma, exigindo o seu afastamento e o fim das políticas de bem-estar social implementadas pelo Partido dos Trabalhadores (PT).
A revolta – que foi comparada ao movimento Tea Party devido ao apoio tácito dos conglomerados industriais locais e a uma nova rede de atores midiáticos de extrema-direita e tendências conspiratórias – conseguiu interromper 13 anos de dominação do PT ao afastar Dilma do cargo por meio de um impeachment em 2016.
O cenário político do qual surgiu o MBL é uma novidade no Brasil. Havia no máximo três _think tanks_libertários em atividade no país dez anos atrás, segundo Hélio Beltrão, um ex-executivo de um fundo de investimentos de alto risco que agora dirige o Instituto Mises, uma organização sem fins lucrativos que recebeu o nome do filósofo libertário Ludwig von Mises. Ele diz que, com o apoio da Atlas, agora existem cerca de 30 institutos agindo e colaborando entre si no Brasil, como o Estudantes pela Liberdade e o MBL.
“É como um time de futebol; a defesa é a academia, e os políticos são os atacantes. E já marcamos alguns gols”, diz Beltrão, referindo-se ao impeachment de Dilma. O meio de campo seria “o pessoal da cultura”, aqueles que formam a opinião pública.
Beltrão explica que a rede de _think tanks_está pressionando pela privatização dos Correios, que ele descreve como “uma fruta pronta para ser colhida” e que pode conduzir a uma onda de reformas mais abrangentes em favor do livre mercado. Muitos partidos conservadores brasileiros acolheram os ativistas libertários quando estes demonstraram que eram capazes de mobilizar centenas de milhares de pessoas nos protestos contra Dilma, mas ainda não adotaram as teorias da “economia do lado da oferta”.
Fernando Schüler, acadêmico e colunista associado ao Instituto Millenium – outro _think tank_da Atlas no Brasil – tem uma outra abordagem. “O Brasil tem 17 mil sindicatos pagos com dinheiro público. Um dia de salário por ano vai para os sindicatos, que são completamente controlados pela esquerda”, diz. A única maneira de reverter a tendência socialista seria superá-la no jogo de manobras políticas. “Com a tecnologia, as pessoas poderiam participar diretamente, organizando – no WhatsApp, Facebook e YouTube – uma espécie de manifestação pública de baixo custo”, acrescenta, descrevendo a forma de mobilização de protestos dos libertários contra políticos de esquerda. Os organizadores das manifestações anti-Dilma produziram uma torrente diária de vídeos no YouTube para ridicularizar o governo do PT e criaram um placar interativo para incentivar os cidadãos a pressionarem seus deputados por votos de apoio ao impeachment.
Schüler notou que, embora o MBL e seu próprio _think tank_fossem apoiados por associações industriais locais, o sucesso do movimento se devia parcialmente à sua não identificação com partidos políticos tradicionais, em sua maioria vistos com maus olhos pela população. Ele argumenta que a única forma de reformar radicalmente a sociedade e reverter o apoio popular ao Estado de bem-estar social é travar uma guerra cultural permanente para confrontar os intelectuais e a mídia de esquerda.
Fernando Schüler.Foto:captura de tela do YouTubeUm dos fundadores do Instituto Millenium, o blogueiro Rodrigo Constantino, polariza a política brasileira com uma retórica ultrassectária. Constantino, que já foi chamado de “o Breitbart brasileiro” devido a suas teorias conspiratórias e seus comentários de teor radicalmente direitistas, é presidente do conselho deliberativo de outro _think tank_da Atlas – o Instituto Liberal. Ele enxerga uma tentativa velada de minar a democracia em cada movimento da esquerda brasileira, do uso da cor vermelha na logomarca da Copa do Mundo ao Bolsa Família, um programa de transferência de renda. Constantino é considerado o responsável pela popularização de uma narrativa segundo a qual os defensores do PT seriam uma “esquerda caviar”, ricos hipócritas que abraçam o socialismo para se sentirem moralmente superiores, mas que na realidade desprezam as classes trabalhadoras que afirmam representar. A “breitbartização” do discurso é apenas uma das muitas formas sutis pelas quais a Atlas Network tem influenciado o debate político.
“Temos um Estado muito paternalista. É incrível. Há muito controle estatal, e mudar isso é um desafio de longo prazo”, diz Schüler, acresentando que, apesar das vitórias recentes, os libertários ainda têm um longo caminho pela frente no Brasil. Ele gostaria de copiar o modelo de Margaret Thatcher, que se apoiava em uma rede de _think tanks_libertários para implementar reformas impopulares. “O sistema previdenciário é absurdo, e eu privatizaria toda a educação”, diz Schüler, pondo-se a recitar toda a litania de mudanças que faria na sociedade, do corte do financiamento a sindicatos ao fim do voto obrigatório.
Mas a única maneira de tornar tudo isso possível, segundo ele, seria a formação de uma rede politicamente engajada de organizações sem fins lucrativos para defender os objetivos libertários. Para Schüler, o modelo atual – uma constelação de _think tanks_em Washington sustentada por vultosas doações – seria o único caminho para o Brasil.
E é exatamente isso que a Atlas tem se esforçado para fazer. Ela oferece subvenções a novos _think tanks_e cursos sobre gestão política e relações públicas, patrocina eventos de _networking_no mundo todo e, nos últimos anos, tem estimulado libertários a tentar influenciar a opinião pública por meio das redes sociais e vídeos online.
Uma competição anual incentiva os membros da Atlas a produzir vídeos que viralizem no YouTube promovendo o _laissez-faire_e ridicularizando os defensores do Estado de bem-estar social. James O’Keefe, provocador famoso por alfinetar o Partido Democrata americano com vídeos gravados em segredo, foi convidado pela Atlas para ensinar seus métodos. No estado americano do Wisconsin, um grupo de produtores que publicava vídeos na internet para denegrir protestos de professores contra o ataque do governador Scott Walker aos sindicatos do setor público também compartilharam sua experiência nos cursos da Atlas.
Manifestantes queimam um boneco do presidente Hugo Chávez na Plaza Altamira, em protesto contra o governo.
Foto: Lonely Planet Images/Getty Images
Em uma de suas últimas realizações, a Atlas influenciou uma das crises políticas e humanitárias mais graves da América Latina: a venezuelana. Documentos obtidos graças ao “Freedom of Information Act” (Lei da Livre Informação, em tradução livre) por simpatizantes do governo venezuelano – bem como certos telegramas do Departamento de Estado dos EUA vazados por Chelsea Manning – revelam uma complexo tentativa do governo americano de usar os _think tanks_da Atlas em uma campanha para desestabilizar o governo de Hugo Chávez. Em 1998, a CEDICE Libertad – principal organização afiliada à Atlas em Caracas, capital da Venezuela – já recebia apoio financeiro do Center for International Private Enterprise (Centro para a Empresa Privada Internacional – CIPE). Em uma carta de financiamento do NED, os recursos são descritos como uma ajuda para “a mudança de governo”. O diretor da CEDICE foi um dos signatários do controverso “Decreto Carmona” em apoio ao malsucedido golpe militar contra Chávez em 2002.
Um telegrama de 2006 descrevia a estratégia do embaixador americano, William Brownfield, de financiar organizações politicamente engajadas na Venezuela: “1) Fortalecer instituições democráticas; 2) penetrar na base política de Chávez; 3) dividir o chavismo; 4) proteger negócios vitais para os EUA, e 5) isolar Chávez internacionalmente.”
Na atual crise venezuelana, a CEDICE tem promovido a recente avalanche de protestos contra o presidente Nicolás Maduro, o acossado sucessor de Chávez. A CEDICE está intimamente ligada à figura da oposicionista María Corina Machado, uma das líderes das manifestações em massa contra o governo dos últimos meses. Machado já agradeceu publicamente à Atlas pelo seu trabalho. Em um vídeo enviado ao grupo em 2014, ela diz: “Obrigada à Atlas Network e a todos os que lutam pela liberdade.”
Em 2014, a líder opositora María Corina Machado agradeceu à Atlas pelo seu trabalho: “Obrigada à Atlas Network e a todos os que lutam pela liberdade.”No Latin America Liberty Forum, organizado pela Atlas Network em Buenos Aires, jovens líderes compartilham ideias sobre como derrotar o socialismo em todos os lugares, dos debates em _campi_universitários a mobilizações nacionais a favor de um impeachment.
Em uma das atividades do fórum, “empreendedores” políticos de Peru, República Dominicana e Honduras competem em um formato parecido com o programa Shark Tank, um _reality show_americano em que novas empresas tentam conquistar ricos e impiedosos investidores. Mas, em vez de buscar financiamento junto a um painel de capitalistas de risco, esses diretores de _think tanks_tentam vender suas ideias de marketing político para conquistar um prêmio de US$ 5 mil. Em outro encontro, debatem-se estratégias para atrair o apoio do setor industrial às reformas econômicas. Em outra sala, ativistas políticos discutem possíveis argumentos que os “amantes da liberdade” podem usar para combater o crescimento do populismo e “canalizar o sentimento de injustiça de muitos” para atingir os objetivos do livre mercado.
Um jovem líder da Cadal, um _think tank_de Buenos Aires, deu a ideia de classificar as províncias argentinas de acordo com o que chamou de “índice de liberdade econômica” – levando em conta a carga tributária e regulatória como critérios principais –, o que segundo ela geraria um estímulo para a pressão popular por reformas de livre mercado. Tal ideia é claramente baseada em estratégias similares aplicadas nos EUA, como o Índice de Liberdade Econômica da Heritage Foundation, que classifica os países de acordo com critérios como política tributária e barreiras regulatórias aos negócios.
Os _think tanks_são tradicionalmente vistos como institutos independentes que tentam desenvolver soluções não convencionais. Mas o modelo da Atlas se preocupa menos com a formulação de novas soluções e mais com o estabelecimento de organizações políticas disfarçadas de instituições acadêmicas, em um esforço para conquistar a adesão do público.
As ideias de livre mercado – redução de impostos sobre os mais ricos; enxugamento do setor público e privatizações; liberalização das regras de comércio e restrições aos sindicatos – sempre tiveram um problema de popularidade. Os defensores dessa corrente de pensamento perceberam que o eleitorado costuma ver essas ideias como uma maneira de favorecer as camadas mais ricas. E reposicionar o libertarianismo econômico como uma ideologia de interesse público exige complexas estratégias de persuasão em massa.
Mas o modelo da Atlas, que está se espalhando rapidamente pela América Latina, baseia-se em um método aperfeiçoado durante décadas de embates nos EUA e no Reino Unido, onde os libertários se esforçaram para conter o avanço do Estado de bem-estar social do pós-guerra.
Mapa das organizações da rede Atlas na América do Sul.
Fonte: The Intercept
Antony Fisher, empreendedor britânico e fundador da Atlas Network, é um pioneiro na venda do libertarianismo econômico à opinião pública. A estratégia era simples: nas palavras de um colega de Fisher, a missão era “encher o mundo de _think tanks_que defendam o livre mercado”.
A base das ideias de Fisher vêm de Friedrich Hayek, um dos pais da defesa do Estado mínimo. Em 1946, depois de ler um resumo do livro seminal de Hayek, O Caminho da Servidão, Fisher quis se encontrar com o economista austríaco em Londres. Segundo seu colega John Blundell, Fisher sugeriu que Hayek entrasse para a política. Mas Hayek se recusou, dizendo que uma abordagem de baixo para cima tinha mais chances de alterar a opinião pública e reformar a sociedade.
Enquanto isso, nos Estados Unidos, outro ideólogo do livre mercado, Leonard Read, chegava a conclusões parecidas depois de ter dirigido a Câmara de Comércio de Los Angeles, onde batera de frente com o sindicalismo. Para deter o crescimento do Estado de bem-estar social, seria necessária uma ação mais elaborada no sentido de influenciar o debate público sobre os destinos da sociedade, mas sem revelar a ligação de tal estratégia com os interesses do capital.
Fisher animou-se com uma visita à organização recém-fundada por Read, a Foundation for Economic Education (Fundação para a Educação Econômica – FEE), em Nova York, criada para patrocinar e promover as ideias liberais. Nesse encontro, o economista libertário F.A. Harper, que trabalhava na FEE à epoca, orientou Fisher sobre como abrir a sua própria organização sem fins lucrativos no Reino Unido.
Durante a viagem, Fisher e Harper foram à Cornell University para conhecer a última novidade da indústria animal: 15 mil galinhas armazenadas em uma única estrutura. Fisher decidiu levar o invento para o Reino Unido. Sua fábrica, a Buxted Chickens, logo prosperou e trouxe grande fortuna para Fisher. Uma parte dos lucros foi direcionada à realização de outro objetivo surgido durante a viagem a Nova York – em 1955, Fisher funda o Institute of Economic Affairs (Instituto de Assuntos Econômicos – IEA).
O IEA ajudou a popularizar os até então obscuros economistas ligados às ideias de Hayek. O instituto era um baluarte de oposição ao crescente Estado de bem-estar social britânico, colocando jornalistas em contato com acadêmicos defensores do livre mercado e disseminando críticas constantes sob a forma de artigos de opinião, entrevistas de rádio e conferências.
A maior parte do financiamento do IEA vinha de empresas privadas, como os gigantes do setor bancário e industrial Barclays e British Petroleum, que contribuíam anualmente. No livro Making Thatcher’s Britain(A Construção da Grã-Bretanha de Thatcher, em tradução livre), dos historiadores Ben Jackson e Robert Saunders, um magnata dos transportes afirma que, assim como as universidades forneciam munição para os sindicatos, o IEA era uma importante fonte de poder de fogo para os empresários.
Quando a desaceleração econômica e o aumento da inflação dos anos 1970 abalou os fundamentos da sociedade britânica, políticos conservadores começaram a se aproximar do IEA como fonte de uma visão alternativa. O instituto aproveitou a oportunidade e passou a oferecer plataformas para que os políticos pudessem levar os conceitos do livre mercado para a opinião pública. A Atlas Network afirma orgulhosamente que o IEA “estabeleceu as bases intelectuais do que viria a ser a revolução de Thatcher nos anos 1980”. A equipe do instituto escrevia discursos para Margaret Thatcher; fornecia material de campanha na forma de artigos sobre temas como sindicalismo e controle de preços; e rebatia as críticas à Dama de Ferro na mídia inglesa. Em uma carta a Fisher depois de vencer as eleições de 1979, Thatcher afirmou que o IEA havia criado, na opinião pública, “o ambiente propício para a nossa vitória”.
“Não há dúvidas de que tivemos um grande avanço na Grã-Bretanha. O IEA, fundado por Antony Fisher, fez toda a diferença”, disse Milton Friedman uma vez. “Ele possibilitou o governo de Margaret Thatcher – não a sua eleição como primeira-ministra, e sim as políticas postas em prática por ela. Da mesma forma, o desenvolvimento desse tipo de pensamento nos EUA possibilitou o a implementação das políticas de Ronald Reagan”, afirmou.
O IEA fechava um ciclo. Hayek havia criado um seleto grupo de economistas defensores do livre mercado chamado Sociedade Mont Pèlerin. Um de seus membros, Ed Feulner, ajudou o fundar o _think tank_conservador Heritage Foundation, em Washington, inspirando-se no trabalho de Fisher. Outro membro da Sociedade, Ed Crane, fundou o Cato Institute, o mais influente _think tank_libertário dos Estados Unidos.
_O filósofo e economista anglo-austríaco Friedrich Hayek com um grupo de alunos na London School of Economics, em 1948._Foto: Paul PoppePopperfoto/Getty Images
Em 1981, Fisher, que havia se mudado para San Francisco, começou a desenvolver a Atlas Economic Research Foundation por sugestão de Hayek. Fisher havia aproveitado o sucesso do IEA para conseguir doações de empresas para seu projeto de criação de uma rede regional de _think tanks_em Nova York, Canadá, Califórnia e Texas, entre outros. Mas o novo empreendimento de Fisher viria a ter uma dimensão global: uma organização sem fins lucrativos dedicada a levar sua missão adiante por meio da criação de postos avançados do libertarianismo em todos os países do mundo. “Quanto mais institutos existirem no mundo, mais oportunidade teremos para resolver problemas que precisam de uma solução urgente”, declarou.
Fisher começou a levantar fundos junto a empresas com a ajuda de cartas de recomendação de Hayek, Thatcher e Friedman, instando os potenciais doadores a ajudarem a reproduzir o sucesso do IEA através da Atlas. Hayek escreveu que o modelo do IEA “deveria ser usado para criar institutos similares em todo o mundo”. E acrescentou: “Se conseguíssemos financiar essa iniciativa conjunta, seria um dinheiro muito bem gasto.”
A proposta foi enviada para uma lista de executivos importantes, e o dinheiro logo começou a fluir dos cofres das empresas e dos grandes financiadores do Partido Republicano, como Richard Mellon Scaife. Empresas como a Pfizer, Procter & Gamble e Shell ajudaram a financiar a Atlas. Mas a contribuição delas teria que ser secreta para que o projeto pudesse funcionar, acreditava Fisher. “Para influenciar a opinião pública, é necessário evitar qualquer indício de interesses corporativos ou tentativa de doutrinação”, escreveu Fisher na descrição do projeto, acrescentando que o sucesso do IEA estava baseado na percepção pública do caráter acadêmico e imparcial do instituto.
A Atlas cresceu rapidamente. Em 1985, a rede contava com 27 instituições em 17 países, inclusive organizações sem fins lucrativos na Itália, México, Austrália e Peru.
E o _timing_não podia ser melhor: a expansão internacional da Atlas coincidiu com a política externa agressiva de Ronald Reagan contra governos de esquerda mundo afora.
Embora a Atlas declarasse publicamente que não recebia recursos públicos (Fisher caracterizava as ajudas internacionais como uma forma de “suborno” que distorcia as forças do mercado), há registros da tentativa silenciosa da rede de canalizar dinheiro público para sua lista cada vez maior de parceiros internacionais.
Em 1982, em uma carta da Agência de Comunicação Internacional dos EUA – um pequeno órgão federal destinado a promover os interesses americanos no exterior –, um funcionário do Escritório de Programas do Setor Privado escreveu a Fisher em resposta a um pedido de financiamento federal. O funcionário diz não poder dar dinheiro “diretamente a organizações estrangeiras”, mas que seria possível copatrocinar “conferências ou intercâmbios com organizações” de grupos como a Atlas, e sugere que Fisher envie um projeto. A carta, enviada um ano depois da fundação da Atlas, foi o primeiro indício de que a rede viria a ser uma parceira secreta da política externa norte-americana.
Memorandos e outros documentos de Fisher mostram que, em 1986, a Atlas já havia ajudado a organizar encontros com executivos para tentar direcionar fundos americanos para sua rede de think tanks. Em uma ocasião, um funcionário da Agência dos Estados Unidos para o Desenvolvimento Internacional (USAID), o principal braço de financiamento internacional do governo dos EUA, recomendou que o diretor da filial da Coca-Cola no Panamá colaborasse com a Atlas para a criação de um _think tank_nos moldes do IEA no país. A Atlas também recebeu fundos da Fundação Nacional para a Democracia (NED), uma organização sem fins lucrativos fundada em 1983 e patrocinada em grande parte pelo Departamento de Estado e a USAID cujo objetivo é fomentar a criação de instituições favoráveis aos EUA nos países em desenvolvimento.
Alejandro Chafuen, da Atlas Economic Research Foundation, atrás à direita, cumprimenta Rafael Alonzo, do Centro de Divulgação do Conhecimento Econômico para a Liberdade (CEDICE Libertad), à esquerda, enquanto o escritor peruano Mario Vargas Llosa aplaude a abertura do Fórum Liberdade e Democracia, em Caracas, no dia 28 de maio de 2009.
Foto: Ariana Cubillos/AP
_ _Financiada generosamente por empresas e pelo governo americano, a Atlas deu outro golpe de sorte em 1985 com a chegada de Alejandro Chafuen. Linda Whetstone, filha de Fisher, conta um episódio ocorrido naquele ano, quando um jovem Chafuen, que ainda vivia em Oakland, teria aparecido no escritório da Atlas em San Francisco “disposto a trabalhar de graça”. Nascido em Buenos Aires, Chafuen vinha do que ele chamava “uma família anti-Peronista”. Embora tenha crescido em uma época de grande agitação na Argentina, Chafuen vivia uma vida relativamente privilegiada, tendo passado a adolescência jogando tênis e sonhando em se tornar atleta profissional.
Ele atribui suas escolhas ideológicas a seu apetite por textos libertários, de Ayn Rand a livretos publicados pela FEE, a organização de Leonard Read que havia inspirado Antony Fisher. Depois de estudar no Grove City College, uma escola de artes profundamente conservadora e cristã no estado americano da Pensilvânia, onde foi presidente do clube de estudantes libertários, Chafuen voltou ao país de nascença. Os militares haviam tomado o poder, alegando estar reagindo a uma suposta ameaça comunista. Milhares de estudantes e ativistas seriam torturados e mortos durante a repressão à oposição de esquerda no período que se seguiu ao golpe de Estado.
Chafuen recorda essa época de maneira mais positiva do que negativa. Ele viria a escrever que os militares haviam sido obrigados a agir para evitar que os comunistas “tomassem o poder no país”. Durante sua carreira como professor, Chafuen diz ter conhecido “totalitários de todo tipo” no mundo acadêmico. Segundo ele, depois do golpe militar seus professores “abrandaram-se”, apesar das diferenças ideológicas entre eles.
Em outros países latino-americanos, o libertarianismo também encontrara uma audiência receptiva nos governos militares. No Chile, depois da derrubada do governo democraticamente eleito de Salvador Allende, os economistas da Sociedade Mont Pèlerin acorreram ao país para preparar profundas reformas liberais, como a privatização de indústrias e da Previdência. Em toda a região, sob a proteção de líderes militares levados ao poder pela força, as políticas econômicas libertárias começaram a se enraizar.
Já o zelo ideológico de Chafuen começou a se manifestar em 1979, quando ele publicou um ensaio para a FEE intitulado “War Without End” (Guerra Sem Fim). Nele, Chafuen descreve horrores do terrorismo de esquerda “como a família Manson, ou, de forma organizada, os guerrilheiros do Oriente Médio, África e América do Sul”. Haveria uma necessidade, segundo ele, de uma reação das “forças da liberdade individual e da propriedade privada”.
Seu entusiasmo atraiu a atenção de muita gente. Em 1980, aos 26 anos, Chafuen foi convidado a se tornar o membro mais jovem da Sociedade Mont Pèlerin. Ele foi até Stanford, tendo a oportunidade de conhecer Read, Hayek e outros expoentes libertários. Cinco anos depois, Chafuen havia se casado com uma americana e estava morando em Oakland. E começou a fazer contato com membros da Mont Pèlerin na área da Baía de San Francisco – como Fisher.
Em toda a região, sob a proteção de líderes militares levados ao poder pela força, as políticas econômicas libertárias começaram a se enraizar.De acordo com as atas das reuniões do conselho da Atlas, Fisher disse aos colegas que havia feito um pagamento _ex gratia_no valor de US$ 500 para Chafuen no Natal de 1985, declarando que gostaria de contratar o economista para trabalhar em tempo integral no desenvolvimento dos _think tanks_da rede na América Latina. No ano seguinte, Chafuen organizou a primeira cúpula de _think tanks_latino-americanos, na Jamaica.
Chafuen compreendera o modelo da Atlas e trabalhava incansavelmente para expandir a rede, ajudando a criar _think tanks_na África e na Europa, embora seu foco continuasse sendo a América Latina. Em uma palestra sobre como atrair financiadores, Chafuen afirmou que os doadores não podiam financiar publicamente pesquisas, sob o risco de perda de credibilidade. “A Pfizer não patrocinaria uma pesquisa sobre questões de saúde, e a Exxon não financiaria uma enquete sobre questões ambientais”, observou. Mas os _think tanks_libertários – como os da Atlas Network –não só poderiam apresentar as mesmas pesquisas sob um manto de credibilidade como também poderiam atrair uma cobertura maior da mídia.
“Os jornalistas gostam muito de tudo o que é novo e fácil de noticiar”, disse Chafuen. Segundo ele, a imprensa não tem interesse em citar o pensamento dos filósofos libertários, mas pesquisas produzidas por um _think tank_são mais facilmente reproduzidas. “E os financiadores veem isso”, acrescenta.
Em 1991, três anos depois da morte de Fisher, Chafuen assumiu a direção da Atlas – e pôs-se a falar sobre o trabalho da Atlas para potenciais doadores. E logo começou a conquistar novos financiadores. A Philip Morris deu repetidas contribuições à Atlas, inclusive uma doação de US$ 50 mil em 1994, revelada anos depois. Documentos mostram que a gigante do tabaco considerava a Atlas uma aliada em disputas jurídicas internacionais.
Mas alguns jornalistas chilenos descobriram que _think tanks_patrocinados pela Atlas haviam feito pressão por trás dos panos contra a legislação antitabagista sem revelar que estavam sendo financiadas por empresas de tabaco – uma estratégia praticada por _think tanks_em todo o mundo.
Grandes corporações como ExxonMobil e MasterCard já financiaram a Atlas. Mas o grupo também atrai grandes figuras do libertarianismo, como as fundações do investidor John Templeton e dos irmãos bilionários Charles e David Koch, que cobriam a Atlas e seus parceiros de generosas e frequentes doações. A habilidade de Chafuen para levantar fundos resultou em um aumento do número de prósperas fundações conservadoras. Ele é membro-fundador do Donors Trust, um discreto fundo orientado ao financiamento de organizações sem fins lucrativos que já transferiu mais de US$ 400 milhões a entidades libertárias, incluindo membros da Atlas Network. Chafuen também é membro do conselho diretor da Chase Foundation of Virginia, outra entidade financiadora da Atlas, fundada por um membro da Sociedade Mont Pèlerin.
Outra grande fonte de dinheiro é o governo americano. A princípio, a Fundação Nacional para a Democracia encontrou dificuldades para criar entidades favoráveis aos interesses americanos no exterior. Gerardo Bongiovanni, presidente da Fundación Libertad, um _think tank_da Atlas em Rosario, na Argentina, afirmou durante uma palestra de Chafuen que a injeção de capital do Center for International Private Enterprise – parceiro do NED no ramo de subvenções – fora de apenas US$ 1 milhão entre 1985 e 1987. Os _think tanks_que receberam esse capital inicial logo fecharam as portas, alegando falta de treinamento em gestão, segundo Bongiovanni.
No entanto, a Atlas acabou conseguindo canalizar os fundos que vinham do NED e do CIPE, transformando o dinheiro do contribuinte americano em uma importante fonte de financiamento para uma rede cada vez maior. Os recursos ajudavam a manter _think tanks_na Europa do Leste, após a queda da União Soviética, e, mais tarde, para promover os interesses dos EUA no Oriente Médio. Entre os beneficiados com dinheiro do CIPE está a CEDICE Libertad, a entidade a que líder opositora venezuelana María Corina Machado fez questão de agradecer.
O assessor da Casa Branca Sebastian Gorka participa de uma entrevista do lado de fora da Ala Oeste da Casa Branca em 9 de junho de 2017 – Washington, EUA.
Foto: Chip Somodevilla/Getty Images
_ _No Brick Hotel, em Buenos Aires, Chafuen reflete sobre as três últimas décadas. “Fisher ficaria satisfeito; ele não acreditaria em quanto nossa rede cresceu”, afirma, observando que talvez o fundador da Atlas ficasse surpreso com o atual grau de envolvimento político do grupo.
Chafuen se animou com a eleição de Donald Trump para a presidência dos EUA. Ele é só elogios para a equipe do presidente. O que não é nenhuma surpresa, pois o governo Trump está cheio de amigos e membros de grupos ligados à Atlas. Sebastian Gorka, o islamofóbico assessor de contraterrorismo de Trump, dirigiu um _think tank_patrocinado pela Atlas na Hungria. O vice-presidente Mike Pence compareceu a um encontro da Atlas e teceu elogios ao grupo. A secretária de Educação Betsy DeVos trabalhou com Chafuen no Acton Institute, um _think tank_de Michigan que usa argumentos religiosos a favor das políticas libertárias – e que agora tem uma entidade subsidiária no Brasil, o Centro Interdisciplinar de Ética e Economia Personalista. Mas talvez a figura mais admirada por Chafuen no governo dos EUA seja Judy Shelton, uma economista e velha companheira da Atlas Network. Depois da vitória de Trump, Shelton foi nomeada presidente da NED. Ela havia sido assessora de Trump durante a campanha e o período de transição. Chafuen fica radiante ao falar sobre o assunto: “E agora tem gente da Atlas na presidência da Fundação Nacional para a Democracia (NED)”, comemora.
Antes de encerrar a entrevista, Chafuen sugere que ainda vem mais por aí: mais think tanks, mais tentativas de derrubar governos de esquerda, e mais pessoas ligadas à Atlas nos cargos mais altos de governos ao redor do mundo. “É um trabalho contínuo”, diz.
Mais tarde, Chafuen compareceu ao jantar de gala do Latin America Liberty Forum. Ao lado de um painel de especialistas da Atlas, ele discutiu a necessidade de reforçar os movimentos de oposição libertária no Equador e na Venezuela.
Danielle Mackey contribuiu na pesquisa para essa matéria. Tradução: Bernardo Tonasse
The post Esfera de influência: como os libertários americanos estão reinventando a política latino-americana appeared first on The Intercept.
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2016.06.07 03:37 ShaunaDorothy Notas críticas sobre la “muerte del comunismo” y las condiciones ideológicas del mundo postsoviético (Noviembre de 2015)

https://archive.is/QazK6
Espartaco No. 44 Noviembre de 2015
Notas críticas sobre la “muerte del comunismo” y las condiciones ideológicas del mundo postsoviético
Por Joseph Seymour
A continuación publicamos, ligeramente editado, un documento de Joseph Seymour, miembro del Comité Central de la Spartacist League. El documento, fechado el 14 de marzo de 2009, fue una contribución a las discusiones y debates que precedieron a la XIII Conferencia Nacional de la Spartacist League/U.S., sección de la Liga Comunista Internacional (Cuartainternacionalista), ese mismo año y se publicó originalmente en Workers Vanguard No. 949 (1° de enero de 2010).
En el pleno de nuestro Comité Ejecutivo Internacional, celebrado a principios de 2008, hubo una discusión y, creo, diferencias incipientes en torno al contenido del término “muerte del comunismo”, lo cual es clave para entender las condiciones político-ideológicas del mundo postsoviético. En ese entonces, yo argumenté:
“Una cuestión importante al discutir el trabajo en Sudáfrica y México...es si estos países —se ha mencionado a China y Grecia— son una excepción a lo que hemos llamado el ‘retroceso en la conciencia’ y la ideología de la ‘muerte del comunismo’, y en qué sentido lo son. Pero el concepto de excepción implica una norma. Así que, ¿cuál es esa norma? La abrumadora mayoría de nuestra tendencia se ubica en los países capitalistas-imperialistas avanzados de Europa Occidental y Norteamérica... Es aquí donde todos los días, de manera generalizada, encontramos la ideología de la ‘muerte del comunismo’. Y creo que esto ha determinado un cierto entendimiento parcial y deformado de las delineaciones y divisiones políticas radicalmente modificadas en todo el mundo.
“Casi cada vez que usamos el término ‘muerte del comunismo’ lo vinculamos al triunfalismo burgués. No nos referimos al triunfalismo de la burguesía de la India, Egipto o Brasil. Nos referimos al triunfalismo de la burguesía imperialista occidental, principalmente la estadounidense. Pero el escepticismo respecto a la posibilidad de una sociedad comunista internacional futura —y esto es el núcleo de la ‘muerte del comunismo’— en los países del Tercer Mundo no puede identificarse con el triunfalismo y la dominación del imperialismo estadounidense. Más bien, nos encontramos con un ascenso, bastante significativo y con amplias bases de apoyo, de movimientos político-ideológicos que se presentan como oponentes del triunfalismo imperialista estadounidense. El ejemplo más obvio es, claro, el populismo nacionalista latinoamericano ejemplificado por Hugo Chávez. Pero también encontramos el mismo fenómeno en un sentido muy derechista, que es el ascenso del fundamentalismo islámico antioccidental en los países del Medio Oriente. Osama bin Laden, Hugo Chávez, Tony Blair, Bill Clinton: todos ellos representan la ‘muerte del comunismo’ de diversos modos y en diversos contextos nacionales”.
El núcleo de la “muerte del comunismo” es precisamente ése: un escepticismo respecto a la posibilidad de una civilización comunista global en el sentido marxista. Eso es un terreno común básico que comparten diversas tendencias políticas que a veces tienen actitudes fuertemente hostiles al imperialismo occidental, la democracia parlamentaria, la economía capitalista de mercado y otras cuestiones controvertidas (como la degradación ambiental), que separan a la izquierda de la derecha en el sentido convencional de estos términos.
Para asegurarme de que todos tenemos un entendimiento común de los términos, voy a reafirmar brevemente las principales características que tendría una sociedad plenamente comunista a escala global. La escasez económica ha sido superada, por lo que ha podido eliminarse el trabajo asalariado (“de cada cual, según su capacidad; a cada cual, según sus necesidades”). El trabajo enajenado ha sido remplazado por trabajo creativo, científico y cultural (Marx alguna vez usó la composición musical como ejemplo de esto). El estado se ha extinguido de manera que, en palabras de Engels, el gobierno sobre los hombres ha dado paso a la administración de las cosas. Las afiliaciones racial, nacional y étnica han desaparecido mediante una extensa procreación interétnica y la movilidad global (“el género humano es la Internacional”). La familia ha sido remplazada por instituciones colectivas para el trabajo doméstico, la crianza y la socialización de los niños.
La abrumadora mayoría de quienes se consideran izquierdistas y pasan de los 40 o 50 años, consideran que una sociedad futura como la que describí es utópica. La abrumadora mayoría de los izquierdistas más jóvenes, representados, por ejemplo, por el medio de los “foros sociales”, para todo propósito práctico desconocen el concepto marxista de la civilización comunista global y son indiferentes a él. Sus preocupaciones son defensivas y minimalistas: apoyar los derechos democráticos de los pueblos oprimidos (por ejemplo, los palestinos), detener el desmantelamiento del “estado del bienestar” en Europa Occidental o impedir que el medio ambiente se siga degradando (calentamiento global).
Voy a replantear mi argumento haciendo referencia a El estado y la revolución de Lenin. Cuando esta obra se publicó en 1918 y en las décadas subsecuentes, la principal diferencia entre los marxistas revolucionarios y las demás tendencias de izquierda tenía que ver con el tema que se discute en el capítulo I (“La sociedad de clases y el estado”). Ahí, Lenin afirma concisamente:
“La doctrina de Marx y Engels sobre la ineluctabilidad de la revolución violenta se refiere al estado burgués. Éste no puede ser sustituido por el estado proletario (por la dictadura del proletariado) mediante la ‘extinción’, sino sólo, como regla general, mediante la revolución violenta” [énfasis en el original].
En el periodo postsoviético, la diferencia más fundamental entre nosotros y las demás tendencias de la izquierda tiene que ver con el tema que se discute en el capítulo V (“Las bases económicas de la extinción del estado”) y que se explica concisamente en el siguiente pasaje:
“La base económica de la extinción completa del estado significa un desarrollo tan elevado del comunismo que en él desaparece la oposición entre el trabajo intelectual y el manual. En consecuencia, deja de existir una de las fuentes más importantes de la desigualdad social contemporánea, una fuente que en modo alguno puede ser suprimida de golpe por el solo hecho de que los medios de producción pasen a ser propiedad social, por la sola expropiación de los capitalistas.
“Esta expropiación dará la posibilidad de desarrollar las fuerzas productivas en proporciones gigantescas. Y al ver cómo retrasa el capitalismo ya hoy, de modo increíble, este desarrollo y cuánto podríamos avanzar sobre la base de la técnica moderna ya lograda, tenemos derecho a decir con la mayor certidumbre que la expropiación de los capitalistas originará inevitablemente un desarrollo gigantesco de las fuerzas productivas de la sociedad humana” [énfasis en el original].
La generación postsoviética de activistas de izquierda no puede entender fácilmente las ideas expuestas arriba porque no ha pensado en ellas.
El triunfalismo del imperialismo estadounidense no es el problema
Si bien la claridad sobre la cuestión de la “muerte del comunismo” no bastará para resolver nuestros problemas, la continua confusión a este respecto sí contribuirá a agravarlos. El no reconocer la diferencia más fundamental que nos separa del resto de la izquierda —el hecho de que no compartimos un mismo fin último— ha sido un importante factor subyacente en los recurrentes problemas políticos del partido.
Cuando aún era editor de Workers Vanguard, Jan Norden [actualmente del centrista Grupo Internacionalista] consideraba, de manera consciente y sistemática, que la “muerte del comunismo” era principalmente una expresión del triunfalismo del imperialismo estadounidense. De ahí que creyera que el levantamiento zapatista de los empobrecidos campesinos indígenas del sur de México en 1994 sería un poderoso contragolpe que debilitaría, al menos en América Latina, el efecto ideológico de la caída de la Unión Soviética. Desde que Norden desertó de nuestra organización en 1996, ha habido una tendencia en nuestro partido a amalgamar bajo el rubro de “retroceso en la conciencia” (un término que acuñé yo en la lucha contra Norden) el escepticismo respecto a la sociedad comunista futura, el triunfalismo imperialista occidental y el reformismo socialdemócrata tradicional. Algunos camaradas han argumentado que la principal diferencia que nos separa del resto de la izquierda versa sobre si el estado capitalista puede o no reformarse, como si estuviéramos en los tiempos de Lenin contra Kautsky en la secuela inmediata de la Revolución de Octubre.
Una formulación estándar tanto en nuestra literatura pública como en nuestro discurso interno es que el efecto de la “muerte del comunismo” ha sido internacionalmente “desigual”. El término “desigual” implica que el efecto puede medirse cuantitativamente en una escala lineal: muy alto en Estados Unidos y Francia, mucho más bajo en México y Sudáfrica. Como alguna vez fui estudiante de economía académica y después fui maestro, me imagino una gráfica de barras que mide y compara, por ejemplo, la producción nacional per cápita de distintos países. Pero el efecto diferencial que tuvo internacionalmente la “muerte del comunismo” no puede entenderse de ese modo. Lo que encontramos no son distintos niveles, sino distintas formas de la ideología postsoviética.
Tomemos por caso a Rusia. Al explicar el concepto de la “muerte del comunismo”, frecuentemente usamos la formulación de que la antigua Unión Soviética es considerada, en el mejor de los casos, un “experimento fallido”. Eso en general es cierto en Europa Occidental y Norteamérica. No es tan cierto en el Tercer Mundo. Y no es cierto en absoluto en Rusia. Todo lo contrario. El sector políticamente dominante de la nueva clase capitalista rusa, representado por Vladímir Putin, considera que la Unión Soviética fue el más exitoso de los experimentos, por decirlo así, de la construcción estatal centrada en Rusia. En 2005, Putin declaró que el colapso de la Unión Soviética había sido “la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX” (citado en Edward Lucas, The New Cold War: Putin’s Russia and the Threat to the West [La nueva Guerra Fría: La Rusia de Putin y la amenaza al Occidente, 2008]). Supongo que en toda la sociedad rusa está extendida una actitud similar respecto a la antigua URSS.
En los últimos años, el régimen de Putin y en general la élite rusa han querido restaurar la reputación histórica de Stalin como el gran líder de una potencia mundial dominada por Rusia en el siglo XX. El embajador ruso en la OTAN adorna su oficina con un retrato de Stalin. Un popular programa de televisión, “El nombre de Rusia”, ubicó a Stalin como uno de los cinco personajes históricos más grandes del país (Economist, 27 de noviembre de 2008). En 2007, una guía educativa de patrocinio oficial, Una historia moderna de Rusia, 1945-2006: Manual para el maestro, comparaba favorablemente a Stalin con Pedro el Grande: “Stalin siguió la lógica de Pedro el Grande: exigir lo imposible...para obtener lo máximo posible”. Luego continúa:
“Él [Stalin] es considerado uno de los líderes más exitosos de la URSS. El territorio del país llegó a los límites del viejo imperio ruso (y en algunas áreas lo sobrepasó). Se consiguió la victoria en una de las mayores guerras; la industrialización de la economía y la revolución cultural se llevaron a cabo con éxito, lo que produjo no sólo educación de masas, sino el mejor sistema educativo del mundo. La URSS llegó a ser uno de los países líderes en ciencias; el desempleo fue prácticamente derrotado”.
—citado en Lucas, The New Cold War
No precisamente la descripción de un “experimento fallido”.
En cierto modo nos es más difícil lidiar con la forma que la “muerte del comunismo” presenta en Rusia que la que tiene en Europa Occidental y Norteamérica. En estas últimas regiones, la antigua Unión Soviética todavía se identifica principalmente con el “socialismo”, no con el “imperialismo ruso”. Stalin se considera un discípulo de Marx y Engels y como tal en general se le condena. En Rusia, Stalin se considera el sucesor de Pedro el Grande y Catalina la Grande, y como tal se le ensalza. Para muchos rusos, el comunismo no ha muerto porque nunca estuvo vivo.
Incluso antes de que la severidad de la actual desaceleración económica mundial se volviera evidente el pasado otoño, el triunfalismo del “libre mercado” había dejado de ser una corriente importante en el clima de la opinión burguesa incluso en Estados Unidos. Hoy, hay voceros prominentes y respetados del capital financiero estadounidense, como el antiguo director de la Reserva Federal, Paul Volcker, que anuncian una desaceleración global profunda y prolongada. Las comparaciones con la Gran Depresión de los años 30 se han vuelto un lugar común. El alcalde tory [conservador] de Londres comentó que en estos días leer el Financial Times de esa ciudad es como frecuentar una secta suicida milenarista. Sin embargo, ninguna opinión burguesa actual se muestra preocupada por la posibilidad de revoluciones socialistas inminentes en ningún lado o la resurrección de partidos comunistas de masas que reivindiquen la tradición marxista-leninista.
De fines y medios: Un recorrido histórico
En la sección titulada “La fase superior de la sociedad comunista” del capítulo V de El estado y la revolución, Lenin escribió:
“Desde el punto de vista burgués, es fácil declarar ‘pura utopía’ semejante régimen social y burlarse diciendo que los socialistas prometen a todos el derecho a recibir de la sociedad, sin el menor control del trabajo realizado por cada ciudadano, la cantidad que deseen de trufas, automóviles, pianos, etc. Con estas burlas siguen saliendo del paso, incluso hoy, la mayoría de los ‘sabios’ burgueses, que demuestran así su ignorancia y su defensa interesada del capitalismo”.
Con el término “sabios burgueses”, Lenin se refería a los intelectuales que apoyaban y justificaban abiertamente el sistema económico capitalista. Lenin no incluía en esta categoría a los voceros ideológicos de la II Internacional (Socialista), como Karl Kautsky, que se consideraba a sí mismo un marxista ortodoxo.
Si para 1917-1918 los líderes del ala derecha de los partidos socialdemócratas de masas (como Friedrich Ebert en Alemania, Albert Thomas en Francia o Emile Vandervelde en Bélgica) seguían creyendo o no subjetivamente en una futura sociedad socialista es un asunto distinto. Lo más probable es que no. Pero ninguno de ellos repudió públicamente la meta tradicional del movimiento socialista como proyecto utópico.
Al principio de la Revolución Alemana, en noviembre de 1918, el centrista Partido Socialdemócrata Independiente puso una serie de condiciones (exigencias) a su participación en un gobierno de coalición con el Partido Socialdemócrata (SPD) sobre la base de los consejos de obreros y soldados que entonces existían. La primera de ellas era: “Alemania debe ser una república socialista”. A eso, la dirección del SPD respondió: “Esta exigencia es la meta de nuestra propia política. Sin embargo es el pueblo quien debe decidir esto a través de la asamblea constituyente” (citado en John Riddell, ed., The German Revolution and the Debate on Soviet Power: Documents, 1918-1919: Preparing the Founding Congress [La Revolución Alemana y el debate sobre el poder soviético: Documentos, 1918-1919: Preparando el congreso de fundación, 1986]). Al atacar la Revolución de Octubre y a la recién nacida Internacional Comunista, los líderes socialdemócratas condenaban principalmente la dictadura del proletariado como una violación de la democracia, que identificaban con un gobierno de tipo parlamentario elegido por sufragio universal e igual.
Aquí es útil revisar el libro Moscú bajo Lenin, unas memorias que escribiera a finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta Alfred Rosmer, colega y amigo de Trotsky. Rosmer había sido anarquista y después uno de los principales intelectuales sindicalistas de Francia, antes de sumarse a la recién fundada Internacional Comunista. En estos recuerdos, Rosmer narra la reacción inicial que provocó El estado y la revolución de Lenin entre los socialdemócratas ortodoxos como Kautsky y Jean Longuet (el nieto de Marx) así como entre los anarquistas:
“Era un libro extraordinario y su destino fue singular: Lenin, marxista y socialdemócrata, era atacado por los teóricos de los partidos socialistas que invocaban el marxismo: ‘¡Eso no es marxismo!’ gritaban, es una mezcla de anarquismo, de blanquismo; ‘de blanquismo a la salsa tártara’, escribía uno de ellos para hacer una frase ingeniosa. Por el contrario, este blanquismo y su salsa eran para los revolucionarios situados fuera del marxismo ortodoxo, sindicalistas y anarquistas, una agradable revelación. Jamás un lenguaje semejante salía de las bocas de los marxistas que ellos conocían”.
Louis-Auguste Blanqui (1805-1881) fue el último de los grandes representantes de la tradición comunista jacobina originada con la Conspiración de los Iguales de Babeuf en los últimos días de la Revolución Francesa. La concepción babeufista del comunismo (desarrollada en una sociedad preindustrial) tenía que ver con la distribución y el consumo más que con la producción y la superación de la escasez económica. Sin embargo, al calificar a Lenin de “blanquista”, Kautsky, Longuet et al. no se referían a ese aspecto de la perspectiva jacobino-comunista. El “blanquismo” de Lenin era para ellos el derrocamiento insurreccional del estado capitalista organizado y dirigido por un partido revolucionario de vanguardia.
Como señala Rosmer, El estado y la revolución fue muy bien recibido entre varios anarquistas y sindicalistas, algunos de los cuales creyeron que Lenin se estaba moviendo del marxismo hacia el campo político de ellos. Sin embargo, los anarquistas más cultivados en cuestiones de doctrina entendieron que, si bien Lenin estaba de acuerdo con la necesidad de un derrocamiento insurreccional del estado burgués, todavía sostenía, e incluso enfatizaba, el programa marxista de la dictadura del proletariado como transición a una sociedad plenamente comunista. A este respecto, Rosmer cita a un anarquista alemán, Erich Mühsam, que, estando preso en 1919, escribió:
“Las tesis teóricas y prácticas de Lenin sobre la realización de la revolución y de las tareas comunistas del proletariado han dado a nuestra acción una nueva base... Ya no hay obstáculos insuperables para la unificación del proletariado revolucionario entero. Los anarquistas comunistas, ciertamente, han tenido que ceder en el punto de desacuerdo más importante entre las dos grandes tendencias del socialismo; han debido renunciar a la actitud negativa de Bakunin ante la dictadura del proletariado y rendirse en este punto a la opinión de Marx”.
Para Mühsam, el “desacuerdo” entre Bakunin y Marx respecto a la dictadura del proletariado tenía que ver con el medio de llegar a un fin último que ambos compartían: una sociedad igualitaria sin clases y sin estado.
Todos sabemos que en una polémica política las ideas y posiciones que no se discuten son, a su modo, tan importantes como las que se discuten. Uno no discute contra posiciones que el oponente no sostiene y especialmente donde hay un terreno común. Por ejemplo, al polemizar contra liberales negros o izquierdistas radicales en Estados Unidos, no refutamos la falsa noción que exponen algunos racistas de derecha de que los negros son “inferiores” a los blancos. En 1918-1920, Lenin y Trotsky escribieron sendos libros polémicos contra Kautsky. En ningún lado de La revolución proletaria y el renegado Kautsky como tampoco en Terrorismo y comunismo se argumenta contra la posición de que la sociedad comunista en el sentido marxista sea algo utópico, pues Kautsky no defendía tal posición.
Adelantémonos hasta finales de los años treinta, cuando el movimiento comunista internacional estaba ya totalmente estalinizado. Consideremos específicamente al joven Maxime Rodinson, un intelectual judío francés que luego se convertiría en un prominente académico de izquierda especializado en el Medio Oriente y la sociedad islámica. En un ensayo de 1981 titulado “Autocrítica”, Rodinson recordó cuál fue el estado de espíritu que lo llevó a ingresar al Partido Comunista Francés en 1937 (al cual abandonó en 1958):
“La adhesión al comunismo implicaba, e implica todavía, comprometerse con una lucha que supuestamente le permitirá a la humanidad realizar un salto esencial y eminentemente benéfico: acabar con un sistema que permanentemente produce pobreza y crimen, que subyuga y condena a millones de personas a lo largo del mundo a una vida atroz o incluso a la muerte. La intención es crear una humanidad liberada en la que todos puedan florecer hasta donde se los permita su potencial, en la que el colectivo de seres libres controle la administración sobre las cosas y establezca el mínimo indispensable de reglas para armonizar las relaciones entre los seres humanos”.
—Cult, Ghetto, and State: The Persistence of the Jewish Question (Culto, gueto y estado: La persistencia de la cuestión judía, 1983)
Como intelectual, Rodinson podía articular las metas liberadoras del marxismo mejor que los muchos millones de obreros jóvenes que ingresaron a los partidos comunistas de Francia e Italia, la India y Vietnam y otros lugares durante la era de Stalin. Sin embargo, muchos de esos obreros —aunque ciertamente no todos— también estaban motivados por una visión del futuro de liberación social multilateral. No consideraban a los partidos comunistas como meras agencias políticas para defender y promover sus intereses económicos o sociales (por ejemplo, nacionales) dentro del sistema capitalista-imperialista existente.
En general, los obreros políticamente avanzados y los intelectuales izquierdistas que apoyaban a los partidos socialdemócratas de masas no compartían la concepción marxista de una sociedad genuinamente comunista. Pero ellos también aspiraban a una sociedad radicalmente diferente y mejor que la presente. En 1961, un intelectual socialdemócrata de izquierda, el británico Ralph Miliband, publicó un libro altamente crítico del Partido Laborista titulado Parliamentary Socialism: A Study of the Politics of Labour [Socialismo parlamentario: Un estudio de la política del laborismo]. El libro apareció en la secuela inmediata de un intento fallido por parte de los líderes del ala derecha del partido por deshacerse de la Cláusula IV de la constitución partidista de 1918. La Cláusula IV en general se consideraba el programa máximo del Partido Laborista: “Asegurar a los trabajadores manuales e intelectuales la plenitud de los frutos de su industria y la más equitativa distribución de todo cuanto sea posible, sobre la base de la propiedad común de los medios de producción, distribución e intercambio”. Al describir la batalla sobre la Cláusula IV que tuvo lugar en 1959-1960, Miliband escribió: “Ante la violenta resistencia [por parte de las bases obreras del partido] que encontró, la propuesta tuvo que abandonarse”. Para los años 80, ya nadie hubiera usado el término “socialismo parlamentario” para encapsular el programa o incluso la doctrina oficial del Partido Laborista británico. Y, en 1995, la Cláusula IV fue suprimida del programa formal del partido en una conferencia especial, pese a la oposición de algunos de los grandes sindicatos.
De principios a mediados de los años 60, hubo en Estados Unidos una radicalización de izquierda entre la juventud estudiantil y algunos intelectuales de mayor edad. Una expresión institucionalizada de esto fue la Conferencia de Académicos Socialistas que se celebraba anualmente en la ciudad de Nueva York. En 1966, los organizadores de la conferencia invitaron al historiador marxista Isaac Deutscher a dar una presentación sobre el “hombre socialista”. En esa época, el carácter cultural y sicológico de una sociedad verdaderamente socialista era un asunto de vivo interés entre los jóvenes intelectuales izquierdistas no sólo en Estados Unidos, sino en todo el mundo. Por ejemplo, a principios de los años 60, el Ché Guevara escribía sobre la eliminación del trabajo enajenado en la Cuba “socialista”. Para un análisis retrospectivo del pensamiento de Guevara a este respecto, ver: “‘Radical Egalitarian’ Stalinism: A Post Mortem” [Estalinismo “igualitario radical”: Un post mortem] en Spartacist [Edición en inglés] No. 25 (verano de 1978). En su presentación sobre el “hombre socialista”, Deutscher tocó diversos puntos en los que la generación postsoviética de activistas de izquierda no está pensando en absoluto.
Huntington contra Fukuyama, otra vez
Empecé a desarrollar mis pensamientos sobre la “muerte del comunismo” y las condiciones ideológicas del mundo postsoviético principalmente durante las discusiones informales que tuve con Norden entre 1991 y su salida de nuestra organización en 1996. Como ya se ha señalado, Norden identificaba la “muerte del comunismo” principalmente como una expresión del triunfalismo imperialista estadounidense. Así, él solía ligar ese término con la fórmula de un “nuevo orden mundial”, que George Bush había proclamado en el momento de la Guerra del Golfo de 1991 contra Irak. Norden creía que el que el cuerpo central de la dirección de nuestra tendencia hubiera reconocido que el carácter del periodo postsoviético estaba marcado por un retroceso histórico en la conciencia de la clase obrera internacionalmente era una capitulación a las presiones del triunfalismo imperialista estadounidense.
La forma en que Norden enfocaba esta cuestión estaba influenciada por las opiniones del intelectual de derecha estadounidense (entonces neoconservador) Francis Fukuyama, que declaró que el colapsó del bloque soviético había marcado “el fin de la historia”. Una versión sobresimplificada de la tesis del “fin de la historia” de Fukuyama llegó a ser muy conocida entre lo que podría llamarse el público educado estadounidense, el tipo de gente que está suscrito al New York Review of Books y ocasionalmente lee el Foreign Affairs. No sé si Norden leyó realmente a Fukuyama. Yo sí lo hice, y también leí a otros ideólogos burgueses de la derecha estadounidense, especialmente a Samuel P. Huntington y Zbigniew Brzezinski, quienes disentían fuertemente de la versión color de rosa que tenía Fukuyama del mundo postsoviético. Estoy volviendo a este debate porque me fue útil para entender la relación entre la “muerte del comunismo” y las diversas corrientes postsoviéticas de la ideología burguesa, especialmente en los países capitalistas occidentales (pero no exclusivamente en ellos).
Fukuyama tomó el término y el concepto de “fin de la historia” del filósofo alemán Georg Hegel. Hegel usó esa expresión para describir las consecuencias histórico-mundiales de la Batalla de Jena de 1806, en la que el ejército de la Francia napoleónica derrotó al reino de Prusia. Tras la batalla, los franceses ocuparon y gobernaron el sur y el oeste de Alemania. Hegel estuvo entre los pocos intelectuales alemanes prominentes que apoyó al régimen napoleónico, al que consideraba históricamente progresivo, y colaboraron con él.
La concepción hegeliana del “fin de la historia” tenía un componente negativo y uno positivo. El componente negativo era que la ideología dominante de la Europa feudal tardía —el absolutismo monárquico sancionado y apoyado por las iglesias cristianas— había perdido su antiguo poder de determinar el curso futuro de la historia. El componente positivo era que los principios liberales de la Revolución Francesa, tal y como Hegel los entendía (y como los representaba Napoleón), habían llegado a ser capaces de conquistarlo todo en el ámbito de las ideas y con el tiempo se establecería a lo largo de Europa un nuevo orden sociopolítico en conformidad con el nuevo Zeitgeist (espíritu de los tiempos).
De igual modo, la versión de Fukuyama del “fin de la historia” tenía componentes negativos y positivos. El componente negativo, desde luego, era la “muerte del comunismo”:
“Si bien todavía hay en el mundo poder comunista, éste ha dejado de reflejar una idea dinámica y atractiva. Quienes se consideran a sí mismos comunistas se ven obligados a librar continuas batallas de retaguardia para preservar algo de su antigua posición y su antiguo poder. Los comunistas se encuentran en la poco envidiable situación de defender un orden social viejo y reaccionario cuya hora ha pasado ya hace mucho, como los monárquicos que lograron llegar al siglo XX”.
—The End of History and the Last Man (El fin de la historia y el último hombre, 1992)
Aquí Fukuyama expresa lo que es una moneda corriente entre todas las tendencias de la ideología burguesa postsoviética.
Eran las conclusiones positivas que sacó del colapso del bloque soviético las que constituían el núcleo de su tesis del “fin de la historia”. Sostenía que los valores socioculturales y las correspondientes instituciones económicas y políticas del mundo capitalista occidental terminarían por imponerse eventualmente a escala global:
“Es en este marco donde el carácter marcadamente mundial de la revolución liberal adquiere una especial significación, puesto que constituye una evidencia más de que está operando un proceso que dicta un patrón evolutivo común para todas las sociedades humanas; en pocas palabras, algo así como una Historia Universal de la Humanidad en dirección a la democracia liberal...
“Y si hemos llegado a un punto en el que se ha vuelto difícil imaginar un mundo sustancialmente distinto al nuestro, en el que el futuro no representa de ninguna manera evidente u obvia una mejoría respecto a nuestro orden actual, luego entonces debe considerarse la posibilidad de que la Historia misma haya llegado a su fin” [énfasis en el original].
La noción de Fukuyama de una “revolución liberal” universalmente triunfante sufrió un denso fuego por parte de algunos voceros intelectuales prominentes del imperialismo estadounidense. Su principal antagonista fue Samuel P. Huntington, que contraponía su propia tesis del “choque de civilizaciones” al “fin de la historia” de Fukuyama. Refiriéndose a este último, Huntington comentó con condescendencia: “El momento de euforia del fin de la Guerra Fría generó una ilusión de armonía, que pronto se reveló como tal” (The Clash of Civilizations and the Remaking of World Order [El choque de civilizaciones y la reconstrucción del orden mundial, 1996]). Sin duda, Huntington concordaba con Fukuyama en que ya nunca podría haber estados poderosos ni un movimiento político internacional con apoyo de masas que afirmara representar una alternativa universal, como el comunismo, al capitalismo tipo occidental y la “democracia”. Pero también sostenía que una buena parte del mundo —y en particular Rusia, el Oriente islámico y China— se vería dominada por gobiernos y movimientos políticos antioccidentales basados en valores y tradiciones nacionales y religioso-culturales:
“En este nuevo mundo, los conflictos más generalizados, importantes y peligrosos no serán entre clases sociales, entre ricos y pobres, ni entre otros campos económicamente definidos, sino entre pueblos provenientes de diferentes entidades culturales...
“La civilización occidental es la más poderosa y seguirá siéndolo durante muchos años. Sin embargo, comparado con el de otras civilizaciones, su poder está declinando. Cuando el Occidente intenta afirmar sus valores y proteger sus intereses, las sociedades no occidentales enfrentan una alternativa. Algunas intentan emularlo o colgarse de él. Otras sociedades confucianas e islámicas intentan expandir su propio poder militar y económico para resistir y ‘contrarrestar’ a Occidente. Un eje central de la política mundial posterior a la Guerra Fría es, pues, la interacción del poder y la cultura occidentales con el poder y la cultura de civilizaciones no occidentales”.
El debate Huntington/Fukuyama subraya la necesidad de que diferenciemos entre la creencia en la “muerte del comunismo”, que es generalizada y sigue siendo actual, y el limitado y efímero triunfalismo imperialista estadounidense en la secuela inmediata de la caída de la Unión Soviética.
Breves conclusiones
Una pregunta importante que enfrentamos puede ser formulada de este modo: ¿es posible que un levantamiento espontáneo, que implique a grandes sectores de la clase obrera, contra un gobierno derechista, pueda llevar a situaciones prerrevolucionarias o incluso revolucionarias (es decir, a órganos de poder dual) aun si la masa de los obreros y los trabajadores en general no aspira al socialismo? Yo creo que sí. Aunque nunca hemos experimentado semejante acontecimiento, no debemos descartarlo. Por ahora, nuestra tarea principal consiste en propagar una visión marxista del mundo con la expectativa de reclutar cantidades relativamente pequeñas de intelectuales izquierdistas y obreros avanzados. Parafraseando a John Maynard Keynes: cuando la realidad cambie, cambiarán nuestras perspectivas.
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